Llegué tarde a la juntada pública “Varones contra la violencia de género: Nos hacemos cargo” porque intercambié en la casa que me alojó antes de participar en el evento con una mujer que no se mostró afín a la lucha feminista. Pensé que eso iba a ocurrir con un hombre, pero no. Recordé un dato escalofriante: en Uruguay, de 40 homicidios contra mujeres, 19 fueron femicidios; el 79% de los casos no tenía una denuncia previa.
Las últimas muertes motivaron a los colectivos “Varones por la Igualdad”, VARRA y RedMásUY a organizar la convocatoria. Fueron, también, los que me impulsaron a participar. Concurrí junto a mi sobrino, de 13 años. Como dice el historiador francés Marc Bloch, los hijos se parecen más a sus tiempos que a sus padres. Las redes lo atraviesan y a él también, como a todos.
Cuando los oradores expresaron “La violencia machista, el maltrato físico y psicológico, la tortura moral y material, la muerte violenta, son cosas de hombres que los hombres tienen que resolver”, pensé que esta es una frase que todavía requiere una explicación. A pesar de décadas de discusión, al debate le falta ese paso sensible para que ocupe la calle, lugar para convencer a otros (y otras, como descubrí) a favor de mayores derechos para las mujeres.
Los últimos datos son duros: el 90% de los presos son varones, en un contexto récord de personas privadas de libertad. Pero este es el extremo del problema, por el otro lado están los hechos incómodos, casi invisibles, que sostienen la situación de forma imperceptible. La ruptura es necesaria, pero requiere de la apertura de todos, de forma consistente, desde abajo.
La frase en negrita que transcribo arriba es de José Saramago, expresada hace 19 años atrás, en un evento similar que contó con el liderazgo de Ricardo Ehrlich. Casi dos décadas después, el convencimiento de que estoy del lado correcto de la historia no es suficiente. Como dijo Bloch, la historia está protagonizada por las acciones humanas colectivas. Es decir, por todos.
