Juventud, política y partido: acerca de la autocrítica de los jóvenes blancos

El documento crítico de los militantes jóvenes del Partido Nacional (PN), sintetizado en La Diaria a comienzo de diciembre, merece atención. La primera lectura posible es una crisis de representación entre los partidos y el voto joven debido a una desconexión entre las masas juveniles en territorio y el mensaje partidario. Pero avancemos hacia otra idea: ¿y si las juventudes de centro-derecha no pueden articular un nuevo sujeto político?

La dirigencia partidaria hace bien en prestar oreja para conocer de primera mano los motivos por los cuales perdió las elecciones y, como consecuencia, la dirección estatal del país. Según el artículo, los jóvenes identificaron la falta de una estructura que esté presente entre períodos electorales, falta de presencia en el “tejido social”; los jóvenes no encuentran herramientas para comunicar, piden instalación de liderazgos tradicionales y participación en las instituciones del partido; indicaron diferencia entre los mensajes a difundir desde el partido y la percepción en territorio.

La frase del artículo es fuerte: “Se habla mucho de arriba hacia abajo y poco desde abajo hacia arriba”. Hace referencia a un corte entre la cultura actual y las formas de la vieja dirigencia y la pérdida de los vínculos entre el centro dirigencial y la periferia.

La propuesta juvenil es mejorar la implantación de estructuras: estabilidad, referentes locales, continuidad real y participación. Veamos lo que dice para, después, puntualizar algunas cosas que no aparecen.

Un partido como dispositivo electoral

¿Cómo hace un partido para analizar una derrota? El ejemplo del ex oficialismo puede mostrar, para este caso puntual, que no solo se trata de conectar a la dirigencia con los votantes a través de la militancia. Veamos lo que observa.

En primer lugar, los reclamos se pueden leer como una incapacidad para generar vínculos de ascenso en la estructura partidaria. Traer dirigentes durante períodos no electorales, reconocer líderes locales, establecer conexiones, también habla sobre la construcción de una escalera de méritos para garantizar el acceso a posiciones de mayor visibilidad.

Por otro párrafo del artículo se menciona la “formación política clara, accesible, útil, moderna”. Es decir que falta capacitación y formación para que la militancia de base traduzca mejor los fenómenos políticos; sin buena interpretación no hay posibilidades de ascenso. Sin un razonamiento político desde la base no hay posibilidades de avance hacia espacios de decisión.

Esto también implica que la dirigencia central no está en condiciones de fijar las líneas de trabajo político de forma concreta porque no construye las capacidades necesarias para implementarlas en el nivel más barrial o territorial.

Sin embargo, esta lectura habilita la mirada sobre lo que falta: los jóvenes blancos detectaron un problema político pero lo tradujeron como un asunto organizacional.

El protagonista de los cambios es el sujeto político

Un punto clave en un partido político es la intervención en el conflicto social, crear demandas nuevas, disputar hegemonía y construir nuevas subjetividades. Pero, por el momento, no figuran discusiones al respecto en la autocrítica blanca. Hasta este punto del documento (al menos lo publicado en La Diaria) no hay deseo político, solamente demandas, es decir, deseo de reconocimiento.

El próximo paso debería ser la construcción de un nuevo sujeto político, un diagnóstico sobre los próximos conflictos que ven, qué nuevo “pueblo” están escuchando y cuál es la disputa que quieren comenzar a representar.

¿Cómo se hace? Mediante la compilación de demandas que parecen inconexas y dispersas para la generación de un nosotros más grande. Si no hay un nuevo pueblo blanco que porta la defensa de varios asuntos, el problema no es de gerenciamiento de una institucionalidad partidaria: es de discurso.

Ranciére señala que la política está en la irrupción de demandas. El documento de los jóvenes blancos reclama atención: necesitamos herramientas, necesitamos que nos visiten los dirigentes, necesitamos líderes zonales, necesitamos reconocimiento. La juventud pide integración, no pide cambiar la forma en la cual se reparte la palabra en el partido.

Si la demanda de reconocimiento depende de la aceptación jerárquica, ¿qué dice eso del deseo político propio? ¿La victoria sólo está en el ascenso en la organización? ¿Qué pasa con el sentido de la política, o de la acción política?

Pero, ¿qué es un sujeto político? No basta identificarse como alguien que tiene una determinada edad, para constituir un sujeto político juvenil se requiere una producción de discurso y de organización alrededor de una convocatoria que promueva la capacidad para la acción colectiva.

La juventud es un grupo, la juventud militante puede ser un actor político. Pero la juventud se transforma en sujeto político cuando se junta en torno a una demanda común, una identidad compartida y un horizonte de acción. En vez de «desde abajo hacia arriba», es «de la periferia al centro».

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